El reelegido presidente tocó a rebato en la última semana y convirtió el día de la votación en una fiesta particular en el Camp Nou
Víctor Font aspiraba a ganar el partido; sabía que jugaba en campo contrario, pero se sentía tan capaz que convenció a los suyos, pocos. Volvió a perder como en 2021. Joan Laporta no se conformaba con vencer, quería hacerlo por goleada, se sentía en casa y, por tanto, su triunfo fue un éxito. Al igual que en 2021 volvió a ganar con rotundidad, aunque la participación fuera p...
orcentualmente la más baja desde los comicios de 1997 (42,34%).
Valiente por definición, a Laporta le motivan los desafíos, vencedor indiscutible desde el momento en que Font puso en duda su triunfo. El aspirante quiso generar un clima de incertidumbre sobre el resultado, situación que despertó la versión contundente de Laporta, la misma que ofreció el equipo de su entrenador y amigo Flick contra el Sevilla. El reelegido presidente tocó a rebato en la última semana y convirtió el día de la votación en una fiesta particular en el Camp Nou.
Los socios indecisos, aquellos que todavía manejaban las dos papeletas, se decidieron nada más pisar el estadio y advertir que estaban en feudo de Laporta, mientras no había noticias de Font, apagado durante la jornada. Laporta ejerció de anfitrión y de presidente, como si no existiera su compañero y máximo mandatario en funciones Rafa Yuste, y rubricó una victoria que ya cantó después del último debate celebrado en TV-3. No es que tuviera dudas, sino que a pesar de su carisma había advertido que se cuestionaba su reelección, seguramente por una cierta pereza o porque daba la victoria por descontada desde que convocó los comicios.








