Imagino que están dándome una clase, pero paso mucho de la historia que me están contando. Me aburro, como los niños dispersos y caprichosos
No me importa la profesión que tengan los personajes de las películas, incluidos aquellos oficios que pertenecen al exotismo o a la ordinariez, a condición de que entienda, me interese o me fascine lo que les ocurre en sus vidas, que además de que me proporcionen datos sobre su profesión, sus existencias, sus relaciones, sus problemas, me despierten interés, intriga, conmoción....
Tengo grata memoria de películas excelentes protagonizadas por arquitectos. Cuentan que El manantial, dirigida por King Vidor, que adaptaba una novela de Ayn Rand, se inspiraba parcialmente en Frank Lloyd Wright. En cualquier caso, poseía mucha fuerza aquel exaltante y apasionado cántico al individualismo, narrando la historia de un arquitecto genial e insólito que no cede a las infinitas presiones que sufre por parte del sistema, también las sentimentales, si a cambio debe renunciar a los inquebrantables principios que defiende en sus creaciones. Lo interpretaba el Gary Cooper más apuesto. Y le acompañaba la muy enamorada Patricia Neal, clase y credibilidad. Y hace poco tiempo se estrenó la admirable The Brutalist. De esa corriente arquitectónica tenía alguna idea, pero lo que más me fascina son las cosas que le ocurren al protagonista, ese judío que logra huir del exterminio y que intenta sobrevivir y seguir creando su arte al servicio de un millonario que envidia y odia su talento. En ambas películas ocurren muchas cosas, independientemente del oficio o el arte de sus protagonistas. La trama te engancha. No son un curso intenso y exclusivo sobre la arquitectura. Son personas con problemática exaltante o trágica muy bien narrada.






