El Departamento de Salud estadounidense traslada a todas las menores no acompañadas que cruzan la frontera encinta a Texas, donde el aborto está prácticamente prohibido

Desde julio pasado, la Administración de Donald Trump envía a todas las menores migrantes no acompañadas que llegan embarazadas a Estados Unidos a un único centro ubicado en San Benito, una pequeña ciudad fronteriza del sur de Texas, el Estado que tiene una de las prohibiciones del aborto más estrictas del país. En los últimos meses, más de una docena de niñas han sido trasladadas a esta instalación. Al menos la mitad de ellas quedaron embarazadas como resultado de una violación. Algunas tienen 13 años.

En teoría, todas las que llegan al centro de San Benito tienen derecho a ser informadas de sus opciones, incluido el aborto, mediante una notificación llamada Garza notice. En la práctica, sin embargo, ese derecho está en peligro, según Sarah Corning, abogada de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés). “Seguimos preocupados porque los médicos se negarán a practicar abortos por temor a ser procesados, algo que hemos visto ocurrir demasiadas veces desde que entró en vigor la prohibición” en el Estado, señala.