Por 32ª vez, el chef Wolfgang Puck vuelve a ponerse al frente de la cena del Baile del Gobernador, el evento posterior a los Oscar que alimentará a los casi 2.000 invitados a la gala de Hollywood
Después de dos horas de alfombra roja (más unas cuantas de preparación), tres y media de gala, nervios, trajes apretados y dolor de pies, lo que más apetece después de una fiesta, incluso aunque sean los Oscar de Hollywood, es comer algo. O comer mucho, quizá. No pasa nada, quien quiera, podrá. Un par de plantas más arriba del teatro Dolby, la azotea del mismo acogerá el llamado Baile del Gobernador, la fiesta anual posterior a los Oscar. Y allí habrá comida para aburrir. Después de 32 años al frente, el chef Wolfgang Puck servirá sus platos más clásicos, pero también unas cuantas innovaciones, bebidas como champán, tequila y sake y sus ya célebres Oscar de chocolate bañados de oro. Un festín que degustarán los más de 2.000 invitados a la gala mientras, en el mismo salón, los ganadores van grabando su nombre en la placa de sus flamantes estatuillas.
Este evento ha convertido a Puck —de 76 años y con más de 100 restaurantes por todo el mundo— en toda una celebridad. Ahora, lleva junto a él a su hijo, Byron Puck, que colidera la empresa familiar. A sus 31 años y con un estupendo español, que aprendió tras pasar seis meses en El Celler de Can Roca, explica a EL PAIS durante la presentación de la fiesta, unos días antes de los Oscar, que para ellos era fundamental mantener los platos tradicionales que tanto les gustan a los invitados, que siempre buscan esa llamada “comfort food”, como dice, comida que tras una noche de nervios caliente el estómago y el corazón. Por eso entre la treintena de los platos de la velada —postres aparte— no dejan de servir su chicken pot pie, un guiso de pollo cubiero con hojaldre que se ha hecho tan popular que hasta la Academia de Cine ha colgado la receta en su web.











