A pie de la carretera, en Mendano, aparece una inscripción que reza “Chocolates Mendaro 1850”. En su interior se esconde un molino artesanal donde la familia Saint-Gerons elabora uno de los chocolates más conocidos del norte de España

Al pasar por Mendaro (Gipuzkoa), a pie de carretera, destaca una casita de tintes pretéritos que parece detenida en otra época. Tras la fachada, una historia que comienza con un francés que llegó a este municipio tras la Tercera Guerra Carlista y terminó fundando una de las casas chocolateras más singulares del País Vasco, Chocolates de Mendaro Saint-Gerons. ...

Su tradición chocolatera llegó mucho antes del boom del chocolate y de la fiebre del "from bean to bar“. Y es que desde el siglo XVII, con las rutas comerciales provenientes de América, comenzaron a llegar a los puertos vascos productos como cacao, azúcar y especias. Y también una tradición proveniente de maestros chocolateros judíos refugiados en Baiona que se sumó a esa conexión marítima y a una infraestructura clave para su desarrollo, los molinos hidráulicos que, además de moler cereal, comenzaron a triturar cacao para transformarlo en chocolate a la piedra.

“Nuestro tatarabuelo, de apellido francés Saint-Gerons, vendía en nuestra tienda lo que se llamaban ‘productos coloniales’ —cacao, azúcar, café, vainilla, especias…—. En aquellos tiempos, el río Deba era navegable y las barcazas traían mercancías hasta casi el corazón del pueblo. No había carretera general, ni automóviles”, cuenta María Saint-Gerona Gárate, cuarta generación de esta familia chocolatera desde su tienda en Mendaro, que se conserva prácticamente tal y como era antaño cuando tan solo era un pequeño centro de abastecimiento.