La pugna entre partidos es especialmente intensa dentro del bloque de la derecha cuyo electorado en este momento es el más volátil

Un día después de que Se Acabó La Fiesta (SALF), el partido del activista ultra Luis Pérez, alias Alvise, anunciara su candidatura a las elecciones en Castilla y León, sus seguidores recibieron un mensaje en su canal de Telegram. “Fuentes cercanas a Vox confirman que el partido de Abascal transmitirá a sus bases una campaña de descrédito contra Alvise Pérez señalando su corrupción. El pueblo español antisanchista no quiere la estrategia de Abascal de crear más cuentas falsas para el desprestigio con bulos, sino el entendimiento”, proclamaba el texto. No era un exabrupto improvisado, sino el último movimiento de una coreografía política que ejecutó en apenas 24 horas. Primero vino el a...

nuncio de la candidatura. Después, el fichaje de disidentes de Vox en la región para reforzar sus listas. Y, por último, el pistoletazo de salida a una ofensiva en redes sociales con un objetivo: disputarle el voto ultra a Santiago Abascal el próximo 15 de marzo, con la mirada puesta en las elecciones generales.

La cuenta falsa a la que alude el líder de SALF en su advertencia no publica contenido desde el pasado mes de noviembre y corresponde a un usuario anónimo que opera bajo el seudónimo @eljudiodevox. En los perfiles oficiales de Vox no hay ni rastro del nombre de Alvise, pero sí ataques al PP, mientras que SALF arremete contra Vox desde su cuenta de Telegram. Esta contienda entre partidos eleva el riesgo de un canibalismo electoral especialmente agresivo dentro del bloque de la derecha, ya que este espacio es ahora el más volátil, según explica Pablo Simón, politólogo y profesor de la Universidad Carlos III.