La falta de combustible paraliza la economía, mientras Estados Unidos incentiva al sector privado de la isla
Nadie sabe quién fue, porque sucedió en medio del apagón, y si algo tiene el apagón es que el vecino podrías ser tú mismo, igualando a todos bajo un terrible manto negro. Lo cierto es que alguien en el barrio de Poey, La Habana, prendió fuego un poste de electricidad en un acto de rebeldía y agotamiento, como quien prefiere quedarse a oscuras para siempre y no que le pongan la luz de a poquito. Los cubanos han dejado de contar las horas en que están sin electricidad, para comenzar a medir el tiempo en que la luz venga para siempre. ...
“La vida se va gastando y uno siente que no logra ver con claridad más allá de un paso”, dijo la editora y psicóloga cubana Juliette Isabel Fernández. “La falta de electricidad no solo hunde en tinieblas los espacios físicos, sino que embota la mente”. La vida se ha reducido todo lo posible: se siente la gritería de los niños jugando en la calle, ahora que están cerradas las escuelas; los mayores no se levantan para ir a trabajar; la gente emprende caminatas kilométricas a falta de transporte; y los dueños de negocios se preguntan, unos a otros, cuánto combustible les queda almacenado. Esa es, de hecho, la gran interrogante, ahora que el tiempo de un país se mide en gotas de combustible.










