Los gobiernos del conservador Montenegro y el progresista Sánchez coinciden en medidas frente a las danas, los incendios y el aumento de la temperatura
Mientras en toda Europa la ultraderecha y algunos partidos conservadores, como el PP español, ponen en cuestión algunos de los objetivos de la agenda verde europea, en La Rábida (Huelva) el primer ministro portugués, el conservador Luis Montenegro, aliado europeo de Alberto Núñez Feijóo, y el progresista Pedro Sánchez, van a cerrar este viernes con sus ministros una alianza ibérica de lucha contra el cambio climático que deja clara la sintonía de estos dos gobiernos en este asunto de máxima sensibilidad política.
Es el asunto estrella de una cumbre hispano-lusa que tuvo que retrasarse por el accidente de Adamuz y que comienza precisamente con un recuerdo de las dos delegaciones a esas víctimas. Los dos países firmarán un completo documento con varios compromisos en la lucha contra el cambio climático y lo hacen en una zona especialmente simbólica, muy cerca del parque de Doñana, uno de los símbolos de la protección de la naturaleza en Europa. Está previsto que en la cita participen 10 ministros españoles y siete portugueses.
Fuentes del Gobierno español destacan que es muy relevante la elección de este tema porque es indiscutible el impacto que está teniendo en los dos territorios el cambio climático. Al acuerdo se le llamará Alianza por la Seguridad Climática. Además este asunto conecta con el tema central de la cumbre hispano-lusa del año pasado, la gestión del agua. Energéticamente hablando, España y Portugal son una pareja de baile indisoluble porque prácticamente forman un único sistema eléctrico muy interconectado. Y ambos países han estado a la cabeza de la UE en el impulso de las renovables en esta década, lo que ha llevado, por ejemplo, a que ambos hayan dejado atrás el uso del carbón, el combustible fósil que más emisiones de efecto invernadero causan. Esta apuesta por las renovables ha permitido ganar a ambos países en seguridad energética y en avanzar en la reducción de su dependencia de unos combustibles fósiles que proceden en la mayoría de casos de zonas inestables, como se está viendo con el ataque de Israel y EE UU a Irán.






