La “licencia para matar” se ejerce sin ningún debate democrático ni limitación legal. El doble rasero occidental en estas circunstancias resulta alarmante
La humanidad se enfrenta hoy en día a múltiples desafíos. El reto de la inteligencia artificial y el futuro del Homo sapiens, la lucha contra el cambio climático para salvar el planeta, el hambre y la pobreza, y, sobre todo, la supervivencia de la humanidad ante esta multiplicación de guerras y conflictos en el mundo. Frente a esta situación, que ya hemos convertido en cotidiana, es legítimo preguntarse dónde está la diplomacia. ¿Qué hace para evitar y resolver crisis y conflictos? ¿Es necesaria la diplomacia hoy en día? Evidentemente, mi respuesta es rotunda y positiva. Cuando la negociación y el arreglo pacífico de los conflictos se han impuesto, la solución alcanzada ha permitido vivir un futuro mejor.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la fecha —casi un siglo— hemos podido gozar, en líneas generales, de uno de los períodos más pacíficos de nuestra historia, a pesar de sufrir distintos y dramáticos conflictos. Durante estos 80 años, siempre se ha buscado la solución política-diplomática. Todos los actores, a pesar de estar enfrentados, han buscado, antes o después, un final negociado y una solución diplomática. Recordamos con nostalgia aquel tiempo en que los políticos solían decir: “no hay solución militar, solo solución política”. En los distintos conflictos que se han sucedido en estas últimas décadas, la diplomacia ha logrado alcanzar acuerdos de alto el fuego, soluciones interinas o incluso la finalización de conflictos armados. Muchas vidas humanas se han salvado gracias a compromisos diplomáticos no siempre perfectos ni justos, pero sí humanos.







