La producción a escala de estas aeronaves bomba, de un coste muy inferior al de los misiles que las interceptan, ofrece una baza al ejército de la República Islámica difícil de combatir

Cuando en un canal ucranio de la red Telegram aparece el icono de un ciclomotor y signos de exclamación, la información es clara: se acerca un dron. Estos vehículos aéreos no tripulados utilizados por el ejército ruso como proyectiles planean con un zumbido similar al de una motocicleta o un cortacésped. Su velocidad antes del impacto, con una media en vuelo de alrededor de 185 kilómetros por hora, inferior a la de un...

misil, ha hecho que la sociedad ucrania detecte con facilidad este tipo de bomba, capaz de destrozar de una tirada cuatro pisos de un inmueble residencial. Los ucranios se refieren generalmente a estos aparatos suicidas con la palabra “shahed”, en referencia al modelo de fabricación iraní utilizado por Moscú y replicado ahora en las fábricas rusas.

El más conocido de esta familia de drones kamikaze es el Shahed 136, el mismo que desde el pasado sábado utilizan las fuerzas armadas de Irán contra países del Golfo aliados de Estados Unidos. Un arma que ofrece a la República Islámica una ventaja competitiva en la guerra, por dos motivos: su bajo coste de producción y la dificultad de derribarla.