La cántabra vence a Fech (6-1, 4-6 y 6-4) en la final de Mérida (México) y redondea el éxito con el dobles. Escala al peldaño 31 y se convierte en la referencia española

A veces, las cosas van así: qué importa la lógica. Cambiante como es, el tenis culmina este fin de semana un giro tan sorprendente como bienvenido, teniendo en cuenta que la española Cristina Bucsa ya había demostrado su valía e insistía en que estaba lista para darse una buena alegría, por más que hubiese encadenase cinco derrotas y que en la presente temporada tan solo hubiera registrado hasta la fecha una sola victoria individual. Es decir, un despegue duro. Sin embargo, el anochecer de Mérida (México) coincide con el fotograma y la sencillez: ella, triunfadora después de haber batido a la polaca Magdalena Frech por 6-1, 4-6 y 6-4 (tras 2h 15m), se acuerda del trabajador de a pie.

“Se lo dedico a los recogepelotas, a los transportistas y… ¡también a los cocineros, porque lo hacen superbién!”, expresa la tenista cántabra, una extraña dentro del hábitat. Recuérdese: nada de exposición ni de redes sociales, de envoltorios artificiosos ni de followers. Sencillamente, Bucsa, la misma que transita por un carril diferente — “me gusta ser libre”, recalca esta estudiante de Psicología, seguidora del K-Pop coreano y los libros de filosofía— y cuya indumentaria lleva la impronta de una costurera de Torrelavega. Esto es, más y más sencillez, y ahora, también, campeona por primera vez en el formato individual.