Pasadas las diez de la noche en Nueva York, Cristina Bucsa firma autógrafos y choca las manos de los niños en su retirada de la Louis Armstrong, la segunda pista del complejo. La cántabra ha perdido por 6-1 y 6-4, pero en su mirada y sus gestos se adivina felicidad: “Es una derrota buena, ¿eh?”, introduce media hora después, en la intimidad de un corrillo con un grupo de periodistas. Se explica con su estilo habitual: simplicidad, franqueza y el pragmatismo por bandera. Nunca es plato de buen gusto la derrota, pero esta noche, durante los 73 minutos que ha debatido con la poderosa Aryna Sabalenka ha extraído una valiosa conclusión: “Esto me ha enseñado cómo es estar ahí arriba, con las top. Y con eso me quedo”.

Cuenta la española que esta, su primera experiencia en los octavos de un grande y ante toda una número uno, le ha aportado “las claves” que necesitaba para dar otro estirón profesional. Es virtualmente la 61ª del mundo, pero el botín es mayor, remarca, en términos de crecimiento. “Ahora sé qué debo trabajar y esto me motiva muchísimo más para tratar de llegar a ese nivel”, contesta. Antes, sobre la pista, Sabalenka se ha desempeñado como lo que es, una fuera de serie, de modo que apenas ha habido discusión en el primer parcial y cuando ha querido cerrar el segundo, la bielorrusa ha dado el último golpe de tuerca. El triunfo le garantiza la continuidad en el trono.