Ausente desde octubre por sus problemas físicos, la catalana se reencuentra con la victoria en un grande siete meses después (6-2 y 6-4 a Diyas) y continúa sin rendirse

Mientras Novak Djokovic se estira en las interioridades de la pista central, meneando una barra a lo Jedi y expandiendo infinitamente las extremidades, Paula Badosa saborea con gusto la victoria contra Zarina Diyas (6-2 y 6-4, tras 1h 20m) en la pista 5 de Melbourne Park. Es la primera que firma en un gran escenario desde la que obtuvo hace siete meses en la segunda de Roland Garros y llega en Melbourne,

0.html" data-link-track-dtm=""> donde hace un año era muy feliz. Entonces volvía a competir en plenitud durante las dos semanas australianas, pero al esperanzador despegue —alcanzó las semifinales, frenada únicamente por la campeona Aryna Sabalenka— le sucedió luego el castigo de la espalda.

“Están poniéndome a prueba desde ahí arriba”, decía en mayo. “Este año ha puesto a prueba mi salud mental como ninguno”, incidiría después, antes de la enésima interrupción y de, como acostumbra ella, volver a rebelarse contra sus circunstancias: frente al azote permanente de esa dichosa vértebra, una prueba de fe. La única vía, probablemente. Eso o la nada. “Unos años ganas, otros construyen tu carácter”, contrapuso después de tener que detenerse porque al dolor de la región lumbar se sumó una rotura en el psoas (junio) y, más tarde, octubre, otra lesión muscular en la ingle cuando intentaba pasar página en Pekín. Más resignación, más lágrimas. En consecuencia, de nuevo vuelta a la carga. No hay otra. Rebeldía. No se rinde.