La agencia de espionaje de EE UU identificó una reunión del líder supremo iraní con su cúpula en Teherán y compartió la información con Israel, que bombardeó el edificio
El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel que mató a Ali Jameneí fue una operación fraguada durante meses en busca del instante propicio, que llegó finalmente el sábado.
La CIA estuvo todo ese tiempo vigilando los movimientos del líder supremo iraní, Ali Jameneí, para extraer patrones de comportamiento, según la reconstrucción publicada por los medios estadounidenses a partir de fuentes anónimas de los ejércitos israelí y estadounidense. Cuando estuvo claro que Jameneí —cuya muerte anunció el presidente Donald Trump y confirmó horas después la televisión del régimen desde Teherán— iba a participar en una reunión junto a su cúpula en una dependencia gubernamental del centro de la capital, la inteligencia estadounidense dio el aviso y la maquinaria militar israelí se puso en marcha.
Como consecuencia de la Operación Furia Épica, nombre que, con su acostumbrada voluptuosidad belicista, dio el Pentágono al inicio de una campaña militar aún de consecuencias impredecibles en Oriente Próximo, 48 líderes del régimen murieron. La cifra se la dio este domingo Trump a Fox News, pero no aportó las pruebas para sostenerla.














