Las marcas aplican tecnología con el fin de hacer frente a un problema que destruye 380 millones de euros

A la industria del vino y las bebidas alcohólicas se le atragantan las falsificaciones. Se trata de un agujero que destruye 380 millones de euros en beneficios cada año y 1.100 empleos en España, según los últimos datos de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (Euipo). El mercado ha apostado por una ingeniosa solución para atajar el problema: botellas inteligentes y con memoria. La idea es utilizar códigos QR y tecnología NFC —el mismo sistema que permite el pago con los móviles— para garantizar al consumidor que lo que ha comprado es original y no una copia. ...

La filosofía detrás de su estrategia es sencilla: si los imitadores son muy buenos copiando los vinos, quizás es hora de ponérselo más difícil con las botellas. Este pensamiento ha llevado a las marcas a reforzar su estrategia antipiratería con el foco no tanto en el contenido, sino en el continente. Y ello ha dado paso a una auténtica revolución en el diseño de los embalajes (packaging).

Las botellas con memoria deben su llamativo nombre a chips de tecnología NFC presentes en sus etiquetas o en sus tapones. Así, con solo acercar móvil, el consumidor obtiene información sobre el origen del producto y su recorrido hasta llegar a sus manos.