El vino blanco quiere parecerse al tinto y el tinto, a su vez, imitar al primero. En el mundo ya se consume más blanco que tinto. Así lo afirma Lalo Antón, director general de Bodegas Izadi: más del 50 % de las botellas que se descorchan a nivel mundial pertenecen a esta categoría, frente al 45 % que corresponden al tinto. En España, según datos de la consultora Nielsen correspondientes a 2024, las ventas de vinos con denominación de origen cayeron un 1%. En tintos, el descenso fue del 2,7%, mientras que el consumo de blancos creció un 1,7%.
“En los tintos se busca que sean más frutales, frescos, con menos impacto de barrica y carga tánica, y los blancos se trabajan ya con maderas y lías, buscando esa complejidad”, explica Antón. El viejo dicho con el que se intentaba menospreciarlos —aquello de que el mejor blanco es un tinto— ha pasado a mejor vida. “Hay grandes blancos que consiguen las máximas puntuaciones de las guías más importantes del mundo”, añade este bodeguero, que desde principios de los años noventa trabaja casi 200 microparcelas de viñedo viejo en el triángulo que forman Villabuena, Samaniego y Ábalos. Allí comenzó a elaborar un blanco basado en viura y malvasía, y ahora desarrolla proyectos como Larrosa Blanca, Izadi Selección o El Regalo, con variedades minoritarias —garnacha blanca, maturana blanca o turruntés— y vinificaciones diversas —en inoxidable, cemento, fudre, barrica bordelesa o bocoyes—. “Con estos nuevos blancos, con buena acidez y complejidad, está habiendo una revolución”, asegura Antón, que produce seis blancos y ha pasado de elaborar 30.000 botellas hace seis años a 110.000 en la actualidad.







