Las andanzas del policía, cuyos audios de acoso a una subordinada publicó EL PAÍS, eran un clamor en el cuerpo, al igual que los controvertidos medios por los que lograba sus buenos resultados
Las “formas groseras”, las “malas maneras”, las “bravuconadas” y los “dejes chulescos” del comisario Emilio de la Calle eran bien conocidos en algunos círculos de la Policía Nacional desde hace muchos años. Por eso, los escandalosos audios publicados por EL PAÍS<...
/a> esta semana, en los que se le escucha gritar, insultar y amenazar a una subinspectora que estaba bajo su mando, han causado estupor y rechazo internamente, pero no sorpresa: “Lo raro es que haya tardado tanto en salir”, se comenta en el cuerpo.
Las grabaciones fueron realizadas por su subordinada en la Embajada en la India, el último destino del comisario madrileño antes de que ella le denunciara por acoso laboral y sexual y él fuese apartado de su puesto por el Ministerio del Interior hace un año. La Audiencia Nacional sigue la investigación judicial sobre el asunto.
De la Calle, con 54 años y una trayectoria profesional forjada con el acelerador pisado, primero persiguiendo aluniceros en la capital y después a terroristas y narcotraficantes en Sierra Leona y Ghana, asegura que ahora dedica diez horas al día a preparar su defensa.












