La explicación oficial apunta a razones militares y de cambio de régimen. Parece también relevante el cálculo de los dos atacantes en un año electoral
El Rubicón está cruzado. Estados Unidos e Israel han vuelto a atacar a Irán, con una operación cuya envergadura se entenderá en las próximas horas y días pero que, de entrada, se perfila de una magnitud muy superior a los episodios de los últimos meses. ¿Cuáles son los objetivos reales de la operación? En sus primeras declaraciones tras el inicio de la ofensiva, el presidente de Estados Unidos ha apuntado a dos planos. Uno de carácter militar, con la voluntad de aniquilar capacidades nucleares y misilísticas. Otro político, un cambio de régimen, con una clara exhortación a los iraníes a aprovechar el momento para desalojar al régimen. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha expresado conceptos similares. Pero hay un tercer plano inconfesado al menos tan relevante como los dos anteriores: el interés político personal de los dos líderes del ataque, Donald Trump y Netanyahu. Ambos con graves dificultades internas, ambos con importantes elecciones este año.
En el primer plano, las intenciones declaradas son las de asestar un golpe definitivo a las capacidades militares de Irán, tanto en el segmento nuclear como en el convencional, con la destrucción de su potencial misilístico. El objetivo debe leerse en un contexto en el cual Trump sostuvo tras el ataque estadounidense de junio que el programa nuclear iraní había quedado aniquilado, y en el cual estaban en marcha unas negociaciones para explorar un posible nuevo pacto después de que el propio Trump volara el que había sellado Obama. El contexto es también uno de enorme debilidad de Irán, por el colapso o debilitamiento de sus proxies en la región (El Asad, Hezbolá, Hamás) y por las protestas internas.








