Las protestas de septiembre forzaron la dimisión el primer ministro K. P. Sharma Oli y abrieron un proceso electoral marcado por el riesgo de nuevos estallidos de violencia
Nepal se ha convertido en una olla a presión en vísperas de las elecciones anticipadas del 5 de marzo, convocadas como consecuencia de las revueltas sociales impulsadas el pasado septiembre por la generación Z ―los nacidos entre finales de los noventa y principios de la década de los 2010―. Las protestas forzaron la dimisión del entonces primer ministro, Khagda Prasad Sharma Oli, y abrieron el camino a un cambio en este país montañoso de 30 millones de habitantes, tras años de nepotismo, corrupción y falta de oportunidades para los más jóvenes. Sin embargo, la desconfianza sigue imperando y pocos creen que se avecine una transformación significativa, al menos por ahora, tras unos comicios en los que se elegirá a los parlamentarios de la Cámara de Representantes, que formarán Gobierno y designarán al nuevo líder del Ejecutivo. El ex primer ministro Oli, más conocido como K. P. Oli, de 73 años, es precisamente uno de los candidatos.
Las agendas de los más de 3.000 aspirantes a ocupar los 275 escaños son muy diferentes. Hay quienes quieren que se restablezca la monarquía y también hay candidatos que provienen del mismo Gobierno que dimitió tras las protestas, que estallaron tras la prohibición gubernamental de 26 plataformas de redes sociales, entre ellas YouTube, Facebook, Instagram y WhatsApp. Por último, está la Alianza Gen Z, que ha recogido las demandas de los jóvenes que protestaron en septiembre.









