Ninguna revuelta social nace de una sola causa, y mucho menos una con la furia mostrada en Nepal. Fue una reciente prohibición de las redes sociales lo que llevó a los jóvenes a tomar las calles de Katmandú, la capital de este país del Himalaya, pero
ga-al-ejercito-e-impone-el-toque-de-queda-para-controlar-las-revueltas.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2025-09-10/nepal-despliega-al-ejercito-e-impone-el-toque-de-queda-para-controlar-las-revueltas.html" data-link-track-dtm="">los manifestantes acudieron a la llamada con una larga lista de agravios que se han ido acumulando a lo largo de los años.
La desconfianza hacia una élite política aferrada al poder se ha ido gestando durante lustros, alimentada por la corrupción endémica, la precariedad y la falta de oportunidades para los jóvenes. Aproximadamente 1.700 personas abandonan el país a diario por motivos laborales y 100.000 alumnos lo hacen anualmente para cursar sus estudios, según datos oficiales citados por el diario Annapurna Express. Las remesas se han convertido tanto en sostén de la economía como en reflejo del fracaso interno. A eso se suma la frustración de una generación que ha crecido conectada al mundo a través de internet y que, al ver cercenado ese espacio de libertad, sintió que se le arrebataba lo único que le quedaba: su voz.












