Revivir las virtudes del que fue presidente del Tribunal Constitucional y consejero de Estado es revivir su pensamiento, que conserva plena actualidad

En el Pleno del Consejo de Estado celebrado el 19 de febrero de 1996, tan sólo cinco días después del asesinato del Consejero Permanente de Estado Francisco Tomás y Valiente, pronuncié, en mi condición de presidente de la institución en aquella fecha, entre otras, las siguientes palabras: “El asesinato del muy querido consejero Francisco Tomás y Valiente nos ha dej...

ado helado el corazón. El corazón de cada uno de nosotros que él se había ganado por su grandeza de espíritu, su bondad y su inteligencia. (…) Han asesinado al catedrático Tomás y Valiente, al expresidente del Tribunal Constitucional, al consejero permanente de Estado, por lo mucho que encarnaba y representaba y para que no siguiera hablando, para impedir que continuara escribiendo, para tapar su boca definitivamente. Su prestigio, su voz, y sus escritos llegaban a todos. Creaban opinión pública, influían en los grupos sociales más heterogéneos, intelectuales, políticos, universitarios, profesionales, sindicales, económicos, juveniles. La perspectiva que trágicamente da la muerte nos hace ver más claro que Paco Tomás y Valiente era un español sobresaliente y necesario. Sabía decir y tenía la valentía de decir lo que una inmensa mayoría pensaba. Desempeñaba una función pedagógica, social y política con la credibilidad además que da la hondura del conocimiento y la independencia de juicio (…) Su pensamiento fue siempre la expresión de los valores y los grandes objetivos constitucionales sobre los que está construida nuestra convivencia”.