Ojalá esta desclasificación sea contagiosa y tras ella vengan otras, convirtiéndose en lo habitual; después de los argumentos escuchados estos días es muy difícil seguir justificando que todo siga igual

Decía Santos Juliá que el historiador, la historiadora, debe desarrollar su oficio con la humildad del artesano. Rescatar pequeñas piezas, cuantas más mejor, y colocarlas con paciencia para intentar reconstruir y entender los hechos del pasado. Por eso los que nos dedicamos a la Historia somos tan felices en un archivo, donde cada papel tiene su magia, aunque a veces necesitemos recorrer muchos lega...

jos y abrir muchas cajas para que la sucesión de piececitas tenga sentido. Muy rara vez encontramos el documento que por sí solo cuenta todas las historias. Habelos hainos, claro, pero no es lo habitual. E incluso en ese caso, ese documento tan revelador necesita contexto, análisis y otros documentos, otras voces, que lo confronten, lo sitúen y nos ayuden a darle veracidad y significado.

La desclasificación de los papeles del 23-F es una buena noticia. Tardía, pero buena. La información y la transparencia siempre lo son porque nos dan herramientas para dotar de sentido los acontecimientos, para entenderlos mejor. Para que nos manipulen menos. Y si esa transparencia afecta al ataque de mayor calado que ha sufrido la democracia actual, asaltada cuando se estaban poniendo sus cimientos para frenar su construcción, ¿cómo no va a ser relevante? Llamar cortina de humo a la desclasificación de un golpe de Estado es menospreciar el valor de la democracia. Tener acceso a lo que podamos recuperar del golpe, su diseño, sus tramas, sus protagonistas, su gestión, sus consecuencias… reforzará el conocimiento sobre nuestra historia democrática, sobre sus peligros y sobre cómo se sortearon. Y con ello, es la propia democracia la que se refuerza.