Resulta incomprensible la opacidad de Interior con sus documentos antiguos, visto el compromiso de este Gobierno con la memoria histórica

Desde que empecé la tesis, los archivos se convirtieron en ese lugar especial. Te sumerges en el polvo y buceas entre legajos en busca de una pieza más, ese pedacito de historia que te cuenta la línea de un papel. Suena romántico y lo es. Y sistemático, desesperante, aburrido y luminoso. Requiere constancia, resistencia, una pizca de olfato y mucha suerte. Asumir que los papeles no siempre resisten el tiempo, los descuidos, los ácaros, la humedad, la falta de interés de quie...

n no les da valor o las purgas de quienes sí lo hacen. Que tu hallazgo tiene mucho de casual.

Más allá de la magia, los archivos son tema inagotable de charlas entre colegas que intercalan la emoción con las quejas. Horarios imposibles, esperas eternas por copias, condiciones de acceso arbitrarias, fondos fuera de consulta durante años… Por suerte, las cosas han ido mejorando, pero hay un archivo que se mantiene como el muro contra el que chocamos sistemáticamente las contemporaneístas: el Archivo General del Ministerio del Interior. Pese a que la normativa marca que la documentación no debe permanecer allí más de 30 años, custodia miles de documentos de los siglos XIX y XX. En diciembre de 2024, se autorizó la transferencia al Archivo General de la Administración de 6.111 cajas cuya cronología va de 1829 a 1994. Y allí siguen.