Los Juegos Olímpicos de Invierno vuelven a dejar buenísimas historias, protagonizadas, sobre todo, por noruegos
Hace una semana, Oriol Cardona ganaba una medalla de oro olímpica en esquí de montaña, una prueba que se estrenaba en los Juegos Olímpicos de Invierno. Oficialmente, es el segundo oro de la historia de los deportes de nieve españoles tras el de Francisco Fernández Ochoa en los Juegos de Sapporo (Japón) en 1972, y así fue celebrado por las cuentas en redes del Comité Olímpico Español. Pero hubo quien recordó (porque no hace tanto tiempo) que la historia es algo más complicada. ...
Johann Muehlegg era un esquiador de fondo alemán que salió tarifando de la selección nacional (alemana) tras acusar a su entrenador de “daños espirituales”. Era un personaje cargado de manías, como contaba José Manuel Comas en un reportaje en EL PAÍS de 2012: siempre llevaba consigo agua bendita y estaba acompañado por una curandera portuguesa. En 1999 obtuvo la nacionalidad española e, inscrito en la improbable federación murciana de esquí, empezó su preparación para los Juegos Olímpicos de Salt Lake City (EE UU).
En las montañas de Utah, Muehlegg llegó primero en tres competiciones: 20, 30 y 50 kilómetros de esquí de fondo, desatando la euforia nacional, que llenó portadas, lo apodó Juanito y le preparó una recepción de héroe. Pero, al final de la tercera carrera, dio positivo por darbopoetina, una droga que potencia la oxigenación de la sangre. Perdió de inmediato la tercera medalla y el Comité Olímpico Internacional acabó retirándole las dos anteriores. No hubo recepción heroica, Juanito fue otra vez Johann, y, para la mayoría de los españoles, dejó de ser. Lo último que se sabe de él es que vive en Brasil y trabaja como agente inmobiliario.









