El esquiador de montaña, dos veces campeón del mundo, asegura “estar tranquilo” mientras reconoce que en una carrera de dos minutos y medio que mezcla explosividad y potencia los errores se pagan caros
El pasado 7 de febrero se cumplieron 54 años desde el día que Paquito Fernández Ochoa se colgó el oro en la prueba de eslalon de los Juegos de Invierno de Sapporo, Japón, en 1972. Aquello fue una sorpresa mayúscula, una colleja para la supremacía del arco alpino, suizos y austriacos rascándose el cogote preguntándose dónde habían perdido el escalón más elevado del podio. Resultó flor de un día para el olimpismo invernal español. Con todo, hoy, en la salida de la prueba de sprint,
/elpais.com/deportes/2025-04-12/oriol-cardona-campeon-de-la-copa-del-mundo-de-esqui-de-montana-la-gran-esperanza-espanola-para-los-juegos-de-cortina-en-2026.html" data-link-track-dtm="">todos reconocen al catalán Oriol Cardona como el favorito indiscutible para colgarse del cuello el primer oro del esquí de montaña en unos Juegos, el segundo para España. Aunque cueste un mundo verbalizarlo. ¿Insufrible presión? No para Cardona, quien un par de semanas antes de encerrarse en su burbuja atiende a El País buscando, ante todo, desdramatizar.








