La esquiadora andaluza, atropellada hace cuatro meses, compite con la rodilla rota, pero sigue optando a medalla en el relevo mixto, de la mano de su compañero catalán

Doblada casi en ángulo recto sobre la pendiente nevada, impulsando sus esquís ultraligeros con todo lo que tiene, desde la mandíbula apretada hasta el sóleo, pasando por el trabajo de hombros y tríceps, core y cuádriceps y todo lo que haga falta, Ana Alonso resiste segunda. Le quedan 100 metros antes de realizar la transición a descenso y le cuesta un mundo deslizar sus tablas. Abajo le espera Oriol Cardona, su pareja en el relevo mixto que tanto prometía medalla olímpica hasta que un coche se cruzó en el camino de la esquiadora andaluza el pasado 24 de septiembre. Ana Alonso luce una aparatosa rodillera ortopédica que parece un ancla, un remedio obligado para estabilizar su rodilla izquierda, su ligamento cruzado anterior y el lateral interno rotos. Ya no puede contener a sus dos rivales que la desbordan al final del segundo y último relevo. No pasa nada. Su trabajo consiste en llegar en cabeza, bien cerca de sus oponentes, no dejarse ir, luchar y dejar que Oriol remate como solo él sabe y puede.

El relevo mixto es una montaña de emociones, alternativas, remontadas y explosiones. Es bello, espectacular y, para el combinado español, balsámico. En la meta de la estación catalana de Boí Taüll, última cita de la Copa del Mundo de esquí de montaña antes de los Juegos de Milano-Cortina, Cardona y Alonso se abrazan, segundos. La esquiadora de Granada rompe a llorar, al fin, incrédula, aliviada. Ahora sí, sabe que acudirá al estreno del skimo en unos Juegos, que la plaza que se ganó a base de esfuerzo, que pudo perder cuando su bicicleta salió volando y ella detrás tras impactar con un coche en Sierra Nevada, vuelve a ser suya. “Si no me veo competitiva no iré. No quiero ir a pasear. No quiero quitar el sitio a nadie”, aseguró a este periódico semanas después de decidir que no se operaría la rodilla, que lo fiaría todo a un tratamiento conservador con mucho trabajo por delante y un futuro incierto. Su medalla de plata en Boí Taüll, emocionó a toda la familia esquiadora. Si los deportes de resistencia viven bajo la eterna sospecha de la trampa, la tiranía de las cifras, el consumo de carbohidratos y la robotización de sus actores, el relevo mixto de este domingo resultó un canto a la belleza del deporte.