La estadounidense se lesionó la rodilla izquierda el pasado viernes durante la última prueba de la Copa del Mundo previa a los Juegos Olímpicos de Invierno que arrancan este fin de semana
Todo parecía un guion perfecto en el apacible invierno de Lindsey Vonn hasta el pasado fin de semana, cuando, en la última prueba de la Copa del Mundo de esquí alpino antes de los Juegos Olímpicos que arrancan este viernes, la estadounidense, leyenda absoluta de la disciplina, perdió el control de sus esquís en una velocísima curva a derechas y terminó atrapada por las redes de seguridad de la imponente estación de Crans Montana, en Suiza. “Vonn se ha caído, ¡Vonn se ha caído! ¡Que alguien nos despierte de esta pesadilla!”, alertaban desde la retransmisión norteamericana mientras varias rivales se echaban las manos a la cabeza a los pies de la estación.
Inmóvil durante algo más de dos minutos, la esquiadora de Minnesota pudo recuperar la estabilidad con ayuda de tres auxiliares de pista, pero pronto notó algo extraño en su rodilla izquierda. Vonn trató de movilizarla una, dos y hasta tres veces. Y dolía. Algo no andaba bien. Pero se incorporó a la pista, completó el descenso a menor velocidad de la que acostumbra y cruzó el arco de meta entre la ovación de un público que aún se mostraba compungido.














