La esquiadora estadounidense comienza la rehabilitación casi un mes después de la brutal caída que sufrió en la final olímpica de Milán-Cortina

Contó Lindsey Vonn poco después de pasar por quirófano que su cirujano, Tom Hackett, presente en la ladera de las Tofane durante los Juegos Olímpicos de invierno para monitorizar su ya de por sí maltrecha rodilla, le había salvado de que le amputaran la pierna tras el fatal accidente sufrido en la final olímpica de descenso. “Si no hubiera llegado con el ligame...

nto roto a Cortina, Tom no hubiera estado allí y no podría haberme salvado de la amputación en el hospital”, celebró, agradecida por la casuística, la esquiadora estadounidense.

Vonn fue operada de urgencia en el hospital Ca’Foncello de Treviso, a unos 100 kilómetros de las nevadas laderas de Cortina d’Ampezzo, y el 17 de febrero recibió luz verde para volar de vuelta a las Montañas Rocosas de Colorado, donde reside a más de 2.000 metros de altitud. Fue entonces, una semana después de la brutal caída, y con los Juegos aún en marcha, cuando la leyenda del esquí alpino comenzó su larga y tediosa recuperación.

“Me sentó muy bien salir del hospital y volver a dormir en mi propia cama, no lo voy a negar, pero sabía que la realidad a la que me enfrentaba desde ese preciso instante era muy dura”, comentó la norteamericana, a la que todavía le quedan semanas en silla de ruedas. “Mi lesión fue mucho más que una simple pierna rota, así que sé que no va a ser fácil, pero esta es mi realidad y tengo que saber afrontarla”.