El presidente de Estados Unidos, acosado por sus bajos índices de popularidad, trata en el Capitolio de recuperar el relato a nueve meses de las elecciones de medio mandato

Donald Trump llenó este martes de exageraciones, medias verdades, mentiras y ataques a sus rivales el primer discurso sobre el estado de la Unión de su segundo mandato. Fue una intervención condenadamente larga, de 108 minutos, que batió un récord histórico en el Capitolio. Con ella, el presidente de Estados Unidos quiso pintar, a nueve meses de una elecciones de medio mandato poco halagüeñas para los suyos, el retrato en colores pastel de un país “harto de encadenar una victoria tras otra“, que resultó difícil de reconocer para sus compatriotas.

Peleado como suele con la verdad, Trump enhebró −ante una audiencia conjunta de congresistas y senadores y los millones de estadounidenses que siguieron una tradición de la política de Washington de alcance global− un relato que no se compadeció ni con los datos económicos, ni con los índices de aprobación presidenciales de sus ciudadanos, bajo mínimos y estancados desde hace meses.

Se trata de una historia según la cual Estados Unidos está viviendo una “época dorada”; “una transformación sin precedentes, un cambio radical para la historia”, dijo su presidente. “Nuestra nación ha regresado, más grande, mejor, más rica y más fuerte que nunca”, sentenció Trump al principio de su discurso, que quiso poner en la perspectiva de la celebración del 250º aniversario de la “gloriosa independencia” de Estados Unidos, “la nación más increíble y excepcional que jamás haya existido sobre la faz de la tierra”. El recurso a la gloriosa rebelión contra los ingleses lo recogió de nuevo al final de su intervención.