Desde Rusia sólo me llegan voces de impotencia: se ha instalado la resignación a vivir bajo la autocracia de Putin para siempre

“El tiempo humano es diferente que el tiempo histórico”, concluye el historiador Serhii Plokhy, al afirmar que un día la guerra en su país natal, Ucrania, acabará, a la vez que enfoca la invasión rusa desde la visión de la agonía de los grandes imperios: cuando empiezan a desmoronarse, no aceptan su caída final y suelen prolongarla. En el cuarto aniversario de la invasión rusa de Ucrania, este profesor de Harvard se declara pesimista en relación al futuro más inmediato, pero optimis...

ta a largo plazo. “La guerra ha mostrado que existe una decidida y fuerte sociedad civil ucrania, capaz de resistir y de existir por sí misma”, comenta hablando de su último libro, David y Goliat, cuyo simbólico título asimismo alude a la fe que la fuerza bruta, incluso si predomina, no es suficiente para obtener una victoria.

Mientras la guerra sigue, parece que los ucranios resisten, a pesar de las condiciones extremas, tanto al nivel material como en el psicológico. “Sales a las calles de Kiev, y aparentemente el ambiente es como de cualquier capital europea. Pero a diario suenan las sirenas que nos recuerdan que en cualquier momento pueden alcanzarte drones rusos”, me escribe una colega que no ha pensado emigrar, aunque ha tenido la oportunidad. Es más, en el ámbito académico he conocido más de una persona joven ucrania que con la guerra han decidido regresar a su país, pensando que ahora se decide y también construye, su futuro.