La mayoría de la población apoya pactar ya la paz y considera 2025 “un año normal” pese a la muerte de miles de compatriotas y el agravamiento de la crisis económica
Un veterano de la Infantería Naval rusa fuma a la salida de la estación Leningrandski de Moscú bajo los primeros copos de un invierno tardío. Konstantín, militar desde 1999, acaba de empezar un nuevo permiso tras otro turno de seis meses en el frente. “Que se acabe la guerra. Todos estamos cansados”, le sale del alma al preguntarle cómo ve el cuarto año de ofensiva sobre Ucrania.
Esto es Podolsk, un suburbio humilde a las afueras de la capital rusa. Tan lejos y tan cerca de las lucecitas del centro de Moscú que epatan a los diplomáticos estadounidenses que envía el presidente Donald Trump. Aquí, dos viejas amigas pasan la mañana en el banco de un parquecito. Ambas con más de 80 años, debaten con pasión sobre el conflicto. “La culpa es de Putin, no debió haber comenzado la guerra”, dice Valentina. “Y no salvar a la gente de allí, ¿no?”, responde Nina, citando informaciones que retransmite la televisión del Kremlin. “Allí no ha quedado nada”, contesta Valentina. La guerra de Ucrania es otra enorme tragedia de la que han sido testigos en sus largas vidas.






