Cuatro años después, son muchos en Ucrania los que procuran resistir en esa maldita guerra, pues entienden que la represión de Putin sería todavía peor

Hace cuatro años el ejercito ruso invadió Ucrania. Se vieron entonces largas columnas de tanques y blindados que avanzaban con el propósito de conquistar los lugares decisivos del país y que Ucrania se derrumbara en un santiamén. La incursión fue acompañada de cazas, helicópteros y artillería de largo alcance, los instrumentos que sirven para machacar desde lejos, y luego estaba la soldadesca, claro, todos aquellos que caminaban hacia lo d...

esconocido, medio asustados, curiosos, y que terminaron casi siempre mal. Son los que operan de cerca, sobre el terreno, los que caen. De eso van las guerras. Hay cifras de instituciones solventes que hablan de 1,2 millones de bajas rusas —entre muertos, heridos y desaparecidos— y de unos 600.000 por el lado de Ucrania. Las conversaciones de paz no consiguen progresar y los avances de Rusia en los campos de batalla no han sido lo suficientemente significativos como para que pueda proclamar que ha cumplido sus objetivos. Todo tiene el aire de estar estancado, pero el cansancio es evidente y habría que terminar de una vez esta maldita guerra.