Tras lo ocurrido en las montañas de Jalisco, la ola de violencia que se avecina supera en densidad simbólica al ‘Culiacanazo’

Hace unos días estuve en Guadalajara entrevistando a un hombre de orígenes humildes y ascendencia michoacana que se volvió una especie de rey en Jalisco y una referencia mundial. No era Nemesio Oseguera, El Mencho, abatido este domingo por el Ejército mexicano en un operativo en Tapalpa, sino Saúl El Canelo Álvarez.

En el gimnasio, el ritmo lo marcan los golpes secos contra el costal. Disciplina, estrategia y mentalidad, me explicó el campeón jalisciense, hacen que en el box no gane quien golpea primero, sino quien sabe cuándo intercambiar y cuándo amarrar.

En 2021, cuando le pregunté a Ismael El Mayo Zambada por el Mencho, respondió sin dramatismo que no se conocían en persona, pero que le tenía respeto. Lo dijo con el mismo tono ceremonioso con el que hablaba de ciertos expresidentes, sobre los que también le pregunté.

A diferencia de otros capos del mismo nivel que él, el Mencho no venía de un linaje antiguo en el mundo del narco. La primera vez que oí del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), entre 2010 y 2011, fue de manera casi marginal. Era una mutación surgida del Cartel del Milenio y de la histórica red de la familia Valencia, en pleno reordenamiento tras la guerra declarada en 2006; una guerra que parece no terminar nunca.