La confrontación entre el búnker trumpista y las fuerzas de cambio se va a prolongar
Los aranceles a granel eran la gran palanca de Donald Trump. Para someter al mundo exterior, para ilusionar a los necesitados domésticos de protección, y para equilibrar cuentas con nuevos ingresos que compensasen sus locas rebajas de impuestos....
Su cancelación por el Tribunal Supremo le arrebata ese arsenal. Cuando menos, lo jibariza. Su impacto inmediato se adivina en la despreciable reacción del magnate contra los jueces máximos: son una “vergüenza”, dijo, mirándose al espejo.
En lo económico, la sentencia acrecienta la incertidumbre, mala amiga del dinero, que se retrae. Pero la derrota del arbitrismo es aún más potente; lo incentiva. Ya ha estimulado a la Bolsa local y disparará a las demás. La desafección de los inversores, que despotrican de las reglas, pero sangran cuando se desvanecen, ya fue factor clave para achicar el gran envite arancelario del 2 de abril de 2025.
En lo político, descresta la expectativa de arruinar o esterilizar las elecciones legislativas de medio mandato (3 de noviembre) que acariciaba el presidente. Relegitimado el poder de los jueces como contrapoder, a la Casa Blanca le será más difícil colocar patrullas paramilitares del ICE ante las urnas para disuadir el acceso de latinos, negros y demás sospechosos. Cuando, además, la protesta cívica le obligó a refrenar su dinámica de convertirla en una reedición de las SS.









