Pekín advierte a Washington que “protegerá firmemente sus intereses” ante las “medidas alternativas” ideadas por Trump para mantener los gravámenes

Vuelta a empezar. Si la política arancelaria del presidente estadounidense, Donald Trump, ha sido enviada de un mazazo judicial a la casilla de salida después del fallo del Tribunal Supremo —que tumba los llamados aranceles recíprocos dictados por el republicano—, China ha hecho un viaje de regreso similar, al momento en que, hace unos doce meses, comenzó a excavar sus ...

trincheras ante la batalla tarifaria que se avecinaba.

Como entonces, la primera reacción de Pekín ha sido una réplica por parte de un portavoz del Ministerio de Comercio: “Hemos tomado nota del fallo [...] y estamos realizando una evaluación exhaustiva de su contenido e impacto”, ha expresado mediante un comunicado. “China se ha opuesto sistemáticamente a cualquier tipo de aumento unilateral de aranceles y ha enfatizado repetidamente que en una guerra comercial nadie gana y que el proteccionismo no conduce a nada”.

En China, donde ya se preparan para acoger la visita de Trump a finales de marzo, el nuevo terreno de juego que asoma tras la decisión del Supremo despierta una rara mezcla de satisfacción e inquietud. Por un lado, Pekín celebra el revés de la justicia a unos gravámenes que siempre consideró ilegales e injustificados; por otro, se prepara ante los nuevos aranceles globales del 15% anunciados por la Casa Blanca, y cualquier otra réplica de un presidente estadounidense enconado por el revés sufrido.