Este género, barato para las empresas y popular entre el público, puede hacer a la sociedad proclive a la manipulación, según explica el libro ‘Tertulianos’ (Península) de Antonio Villarreal
Hay un bar en el madrileño barrio de Valdezarza donde un grupo de parroquianos jubilados se reúne habitualmente para tomar algo y charlar. Suelen tratar, exclusivamente, la actualidad política. Y suelen adoptar los mismos roles que los tertulianos de la tele: el liberal a la madrileña, el socialdemócrata progresista, el conservador de toda la vida, el comunista barrial. Es un bar cualquiera en un sitio cualquiera, pero probablemente el fenómeno se repita en infinidad de bares, tam...
bién frente a máquinas de café en oficinas, en pasillos entre aulas, en descansos del andamio. E incluso dentro de nuestras cabezas. Si algún día, según la leyenda, fue posible cruzar la península saltando de árbol en árbol sin pisar el suelo, hoy probablemente sea posible cruzar la jornada saltando de tertulia en tertulia, de opinión en opinión, sin tocar el suelo de los hechos. Y eso acaba calando.
El periodista Antonio Villarreal, como buen reportero, supo ver más allá de esa escena cotidiana en el bar de su barrio, y se puso a investigar sobre la historia y la naturaleza de las tertulias: cómo se inventaron, de qué son efecto y causa, cuál es la forma en la que nos hacen entender la política. El resultado se encuentra en el libro Tertulianos. Un viaje a la industria de la opinión en España (Península). Villarreal no piensa que las tertulias sean el germen de la polarización, sino uno de sus muchos efectos, un formato muy beneficiado por la actual desconfianza en los medios, por los contratiempos que enfrentan las empresas (que necesitan gastar poco) y por la precariedad de los periodistas (que necesitan ganar algo). “Mediante las tertulias la gente se informa de forma mucho más endeble y los poderes pueden influir más fácilmente, porque es más sencillo cambiar una opinión de un tertuliano que un hecho”, dice el autor a este periódico. “Así, somos una sociedad más frágil y proclive a la manipulación”.






