La renuncia de tres diputados y el cese de un consejero llena de preguntas a un partido sorprendido por su influencia en la Asamblea, el Gobierno y la Ejecutiva
Los diputados del PP de Madrid acuden con las orejas tiesas a una reunión a primera hora del jueves. Dos días antes, el martes, tres compañeros de bancada han dimitido en bloque para solidarizarse con
026-02-16/ayuso-destituye-al-consejero-de-educacion-en-pleno-conflicto-con-las-universidades.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/espana/madrid/2026-02-16/ayuso-destituye-al-consejero-de-educacion-en-pleno-conflicto-con-las-universidades.html" data-link-track-dtm="">Emilio Viciana, destituido el lunes como consejero de Educación del Gobierno de Madrid. Su decisión ilumina una realidad incómoda para Isabel Díaz Ayuso: se ha explicitado, dice un veterano del partido, que en el PP de Madrid anidaba un grupo que privilegiaba sus vínculos personales, creados alrededor del intelectual Antonio Castillo Algarra, frente a las siglas. Peor: quedan al descubierto las costuras de una formación que pasa por ser la organización más en forma del PP en España.
Al llegar a la reunión, en la Asamblea, Díaz Ayuso toma la palabra: “La renovación [de las listas electorales de 2023] conlleva riesgos, pero en líneas generales ha funcionado muy bien”, dice la baronesa para justificar haber aupado a tres desconocidos que luego dejan el escaño. Así, tres días después de que se abriera la herida, el PP la da por cerrada. Sin embargo, queda la cicatriz, las dudas y el malestar interno por el poder y la influencia que acumularon en tan poco tiempo personas sin ninguna trayectoria previa en el partido.






