Los afectados tratan de asimilar lo sucedido a través de atención psicológica y se organizan para lidiar con la burocracia y las acciones legales para hallar responsables

Puede ser a las nueve de la mañana, a las cinco de la tarde o bien entrada la noche, que con episodios de insomnio crónicos se ha convertido en el tramo más habitual. Pero el WhatsApp que comparten 130 supervivientes y familiares de víctimas del accidente ferroviario de Adamuz en el que fallecieron 46 personas y 152 resultaron heridas, no tiene horario. Cualquier momento es bueno para compartir una duda por un trámite burocrático, la impotencia de no saber

na/2026-02-12/la-comision-que-investiga-el-adamuz-invita-a-la-agencia-ferroviaria-europea-a-participar-en-las-pesquisas.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/espana/2026-02-12/la-comision-que-investiga-el-adamuz-invita-a-la-agencia-ferroviaria-europea-a-participar-en-las-pesquisas.html" data-link-track-dtm=""> qué falló el 18 de enero y, lo que es peor, por qué les ocurrió a ellos, o la angustia larvada desde esa tarde y que aflora incontenible sin avisar. “Estamos afectadísimos”, reconoce Mario Samper, uno de los supervivientes del Alvia que descarriló justo hace un mes y el impulsor de la plataforma de afectados que ha dado lugar a ese chat que les sirve de catarsis. “Compartimos experiencias, nos damos ánimos unos a otros, pero seguimos sintiendo una profunda tristeza”, relata.