Los damnificados por el accidente de tren de Adamuz entrarán ahora en un laberinto judicial que se demorará años

12 segundos catastróficos seguidos de 12 años de maraña judicial e indemnizatoria. Eso es lo que han vivido las víctimas del accidente ferroviario de Angrois —en 2013, con 80 fallecidos y 144 heridos—. Y eso es lo que temen que padezcan los afectados por la tragedia de Adamuz.

Cristóbal González Rabadán tenía entonces 51 años, estaba haciendo el Camino de Santiago en bicicleta y había cogido el tren para llegar a la catedral el día del Apóstol. Este militar, ya jubilado, preside la Asociación de Perjudicados por el Accidente Ferroviario del Tren Alvia de Santiago (Apafas). “Estos días están siendo muy duros porque tanto yo como el resto de víctimas estamos reviviendo todo lo que pasamos”, explica Rabadán en conversación telefónica.

En el caso del siniestro de 2013, la evolución judicial se dilató durante más de una década, provocando un estado de exasperación constante entre el colectivo de heridos y familiares de fallecidos. No fue hasta 2024 —11 años después del accidente— cuando un juzgado condenó al maquinista del Alvia a dos años y medio de cárcel y a las aseguradoras implicadas a pagar 25 millones de euros a los afectados. Esto, en primera instancia. Ahora queda la apelación en la Audiencia Provincial de A Coruña —un juicio que podría celebrarse en 2026— y luego un posible recurso de casación ante el Tribunal Supremo.