El presidente cuestiona con bulos la limpieza de los comicios de noviembre ante la perspectiva de una derrota
Faltan algo más de ocho meses para las elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos, pero las dudas sobre las condiciones en las que se desarrollarán o incluso la posibilidad, aún remota, de que no se celebren han disparado la tensión en Washington. En noviembre, se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes y la tercera parte del Senado. Es tradicionalmente una cita poco favorable al partido en el poder, que los votantes usan para expresar su descontento con el inquilino de la Casa Blanca. Los sondeos prevén que esta vez no será distinta y que los republicanos perderían el control del Congreso y, tal vez, el del Senado, lo que equivaldría, en cualquiera de ambos casos, a que encalle la segunda parte de la legislatura de Donald Trump. En la primera, ha contado con el viento a favor de la inacción del Capitolio, controlado por los suyos, para avanzar en su agenda autoritaria.
La perspectiva ha puesto en alerta a Trump, quien ha llegado a acariciar en público la conveniencia de cancelar la votación, una opción altamente improbable, pero que con Trump nadie puede descartar como imposible. Y, como ya hizo en las elecciones de 2020 —cuando perdió claramente contra Joe Biden, una derrota que aún se niega a admitir y que trató de revertir invocando una insurrección— ha empezado a poner en duda por adelantado la limpieza del proceso, pese a que los estudios indican que el fraude electoral es prácticamente inexistente en Estados Unidos.






