El formato de varios ‘partidillos’ de las estrellas con involuntario guiño geopolítico resulta convincente después de varios años de esfuerzo nulo en la cita

Cuando la NBA diseñó el nuevo formato del partido de las estrellas, cuatro partidillos de 12 minutos para decidir a los ganadores del All Star, jamás pensó que lograría reavivar de esta guisa la llama de la competitividad en la gran fiesta del baloncesto estadounidense. Algo del involuntario guiño geopolítico con su Estados Unidos contra el Mundo como titular del evento, acuñado antes del inicio de los desvaríos de Donald Trump desde la Casa Blanca, pareció calar entre los grandes protagonistas. Los anfitriones, que contaban con dos grupos, se impusieron al único equipo de talentos internacionales en la liga, y la victoria fue para el equipo Estrellas, comandado por el irreverente Anthony Edwards, escolta de 24 años de los Minnesota Timberwolves y por primera vez MVP del… ¿partido de las estrellas?

La gran final fue quizás el peor de los cuatro encuentros de 12 minutos disputados a lo largo de la velada. Un parcial de 12-1 para empezar lo selló para los jóvenes y orgullosos estadounidenses, que superaron finalmente por 47-21 a los veteranos del equipo Barras, cargados de títulos y oros olímpicos de la mano de LeBron James, Kevin Durant y Stephen Curry, que no pudo participar en la acción por culpa de una lesión. Edwards, en sus tres partidos del día, acumuló 32 puntos, nueve rebotes y tres asistencias. Pudo además desplegar su chulesca y jordanesca actitud dentro y fuera de la pista: “Cuando me defienden los mejores, siempre quiero machacarles”.