En La Habana se vuelve a hablar, como hace tres décadas, de la posibilidad de un desabastecimiento absoluto de combustible, la llamada Opción Cero

El 26 de julio de 1989, frente a miles de cubanos congregados para escucharle, Fidel Castro lanzó una de sus profecías más recordadas. Dijo: “Si nos despertáramos un día con la noticia de que la URSS se desintegró (cosa que esperamos que no ocurra jamás), aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo”. Dos años y un mes después, ese día llegó tal y como fue vaticinado, por sorpresa. La Habana perdió a su principal aliado y proveedor de combustible, y se enfrentó a la peor crisis económica de su historia hasta entonces, acrecentada por un recrudecimiento del embargo estadounidense. Aquellos años de escasez casi absoluta, bautizados por la neolengua castrista como “Periodo Especial en tiempos de paz”, llegaron a su fin cuando la Revolución se hizo con otro proveedor de combustible: la Venezuela chavista.

Por eso no es de extrañar que lo sucedido el pasado 3 de enero (la incursión militar de Estados Unidos en Caracas y la “extracción” de Nicolás Maduro), sumado a la asfixia energética a la que Donald Trump condenó a la isla a finales de ese mismo mes, haya sido una suerte de déjà vu para muchos cubanos.