La presa política más joven del régimen de Ortega y Murillo pasó 15 meses en la cárcel, fue después desterrada y escribe ahora un nuevo capítulo en Madrid, donde estudia para convertirse en periodista

Samantha Jirón recuerda el 9 de noviembre de 2021 como el día en que su vida se detuvo. Con apenas 20 años, un grupo de agentes de inteligencia vestidos de civil la secuestró al salir de un hotel de Managua por denunciar un fraude en las elecciones presidenciales de Nicaragua de ese año. “La tenemos, la tenemos”, celebraron los policías, mientras grababan la captura en directo para sus superiores. Jirón se convirtió entonces en la prisionera política más joven de su país. La activista revive el trauma en una cafetería del centro de Madrid, donde reside desde 2024 y donde lucha para defender su derecho a ser una “chica normal”, que estudia periodismo en la Complutense, sale con sus amigos y trata de abrirse camino en una tierra que no es la suya, a más de 8.500 kilómetros de su natal Masaya.

“Cuando estás en un contexto como el de Nicaragua, toda tu vida gira en torno a eso… la situación del país, las malas noticias, los encarcelamientos…”, cuenta Jirón, mientras apura los sorbos a su taza de café para no llegar tarde a un coloquio por la presentación del documental Operación Guardabarranco, este lunes en Casa de América. “En España he tenido que aprender a respirar, a separar la parte profesional y política de mi vida personal, que en su momento creo que no tuve”, confiesa. Su día a día es un acto de equilibrismo permanente: entre el activismo y la universidad, entre los fantasmas del pasado y la sed de cambio a futuro, entre dos tierras: su patria adoptiva y la que el régimen le obligó a abandonar. “Es como tener una vida antes y otra después”, resume en tono reflexivo.