Un estudio concluye que seguir estos patrones alimentarios beneficiosos para el organismo puede reducir la mortalidad hasta un 24%
La dieta desempeña un papel fundamental en la salud y en la enfermedad. Somos lo que comemos y eso atraviesa nuestra vida hasta las últimas consecuencias: la ciencia ha constatado que seguir un patrón de alimentación saludable ayuda a prevenir enfermedades y eso influye directamente en la esperanza de vida. Ahora, una nueva investigación, publicada este viernes en Science Advances, ha ahondado en los vínculos entre la dieta y la mortalidad y ha contabilizado hasta qué punto afecta lo que comemos a nuestra supervivencia: los autores, que examinaron la adherencia a cinco dietas saludables (entre ellas, el enfoque mediterráneo) en una cohorte de más de 100.000 personas, determinaron que seguir estos patrones alimentarios saludables puede reducir la mortalidad hasta un 24%. Esto se traduce en que a los 45 años, una persona con una alta adherencia a un enfoque alimentario beneficioso para la salud puede ganar hasta tres años de vida.
“El hallazgo principal de nuestro estudio es claro: una mayor adherencia a cualquiera de estos patrones dietéticos saludables se asoció significativamente con un menor riesgo de muerte por cualquier causa y una mayor esperanza de vida”, sintetiza Liangkai Chen, investigador de la Universidad de Huazhong (China) y autor del estudio. Y lo mejor es que este beneficio de la dieta se encontró de forma universal, independientemente de la mayor o menor predisposición genética a la longevidad, abunda el científico: “Esto sugiere que, en la interacción entre el ‘destino’ —los genes— y la ‘elección’ —la dieta— que influyen en la esperanza de vida, nuestras ‘elecciones’ tienen un poder significativo y positivo. Independientemente de la composición genética, elegir y mantener un patrón de alimentación saludable es como hacer un depósito sustancial en la cuenta de ahorros para la salud”.






