El país andino ha importado al menos 118.000 viales de medicamentos para quimioterapia que han acabado siendo desechados tras no superar las pruebas de calidad, desde 2019, según una investigación. Uno de cada cuatro pacientes con cáncer ve retrasado su tratamiento por la escasez de fármacos

El 22 de mayo de 2024, un avión de carga descendió a través de las nubes grises moteadas sobre Lima, la capital de Perú. La carga que llevaba al país no podía ser más valiosa: miles de viales de vidrio llenos de cisplatino, un medicamento contra el cáncer que salva vidas.

Tras aterrizar y pasar por la aduana, los medicamentos se enviaron finalmente a 16 hospitales de todo el país, desde Arequipa, cerca de la frontera sur, hasta San Martín, en el norte amazónico. Al menos 5.000 unidades de los viales se enviaron al Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN), el principal centro oncológico de Perú, situado a poca distancia, en el distrito de Surquillo, en Lima.

Pero días después de la llegada de los medicamentos, se ordenó al personal del hospital que no administrara ni una sola dosis. En su lugar, todos los viales debían ser incinerados. Se había descubierto que los medicamentos no eran seguros y se ordenó a todos los hospitales que los retiraran urgentemente de sus farmacias.