El 70% de los insumos para diálisis llegan de Colombia, por lo que los costos por sesión han pasado de 20 a 50 dólares, un monto inasumible para la mayoría
Alejandro Solano no deja de recibir mensajes en su teléfono. Son pacientes renales que, como él, alertan sobre la falta de insumos. Saben que si no reciben su tratamiento hoy, se descompensan. Para algunos, la espera ya supera las 24 horas: aparecen la hinchazón y el dolor de cabeza, síntomas de la gravedad de la enfermedad. La crisis sanitaria se ha agudizado en los últimos dos años y, lejos de resolverse, la disputa comercial lanzada por Ecuador contra Colombia ha empeorado el escenario. “Muchos de los medicamentos que usamos provienen de allá”, explica Alejandro mientras describe, uno a uno, los fármacos faltantes.
Ecuador importa el 99% de sus insumos médicos, incluyendo equipos, reactivos y dispositivos. De ese total, el 15% proviene de Colombia, según la Asociación Ecuatoriana de Distribuidores e Importadores de Productos Médicos (Asedim). La situación es dramática en las unidades de diálisis: cerca del 70% de los insumos —filtros, soluciones, catéteres— dependen del país vecino.
“La primera tasa arancelaria del 30% ya fue un golpe que intentamos asumir, pero un 50% es imposible”, explica Cristina Murgueitio, representante de Asedim. En enfermedades graves como la renal, el sistema público tiene la obligación legal de garantizar el tratamiento. El Estado es el principal comprador y quien fija los precios de adquisición. “Ya teníamos un desfase de costos y esto agravará el desabastecimiento, sumado a una deuda millonaria del Estado con las clínicas de diálisis”, añade. El gremio ha solicitado una reunión con la vicepresidenta María José Pinto, encargada del Ministerio de Salud, pero no ha obtenido respuesta.






