La de Jacob Elordi en la adaptación de Emerald Fennell es la última resurrección de un mito literario que ha sido reflejado en tantas versiones cinematográficas, televisivas y musicales que cada época lo ha convertido en un hombre diferente

El devoto enamorado. El narcisista tóxico. El símbolo sexual. El amado casto. El pervertido necrófilo. El Otro. El que habita entre nosotros. El rebelde protomarxista. El lunático idealista. El psicópata sin escrúpulos. La víctima de los poderosos. O bien su definitivo verdugo.

Todo eso es Heathcliff, personaje masculino principal de Cumbres borrascosas, la novela escrita por Emily Brontë y publicada en 1847, solo un año antes de la muerte precoz de su autora. Su última versión cinematográfica, dirigida por la británica Emerald Fennell y protagonizada por las estrellas Margot Robbie y Jacob Elordi, se estrena en España el 13 de febrero, y la maquinaria promocional ya ha empezado a imponer la oportuna heathcliffmanía. Pero mucho antes de que Elordi y Robbie emprendieran su ejercicio de cosplay gótico-romántico ante los medios, Heathcliff ya era uno de los iconos literarios más arraigados en el imaginario popular. También uno de los más complejos y contradictorios: al igual que otras grandes novelas como Orgullo y prejuicio o La princesa de Clèves –no puede ser casualidad que todas estas obras maestras estén escritas por mujeres en épocas poco propicias a ello-, Cumbres borrascosas se ha interpretado de formas distintas en diferentes momentos, y esas interpretaciones hablan más de la época en la que se han realizado, de sus expectativas, prejuicios y neurosis, que del propio objeto de análisis.