La información nutricional abunda en las redes sociales y los medios, pero no parece haber consenso sobre qué deberíamos comer. Estas son algunas recomendaciones simples y claras basadas en la ciencia

Somos el único animal al que hay que decirle cómo tiene que comer, un dato que por sí solo ya pone de manifiesto un problema. Pero la realidad es aún peor: ni tan siquiera los profesionales nos ponemos de acuerdo a la hora de dar consejos. No es que nos enredemos en los matices, no: el mensaje central, el núcleo, de muchas recomendaciones resulta diametralmente contrario al de cualquier otra: podríamos decir que vivimos en un auténtico sindiós dietético.

Que las redes y algunos medios de comunicación son una jaula de grillos es un hecho, da igual el tema que se trate. Pero que ni tan siquiera en el entorno académico –personas con grados, másteres y doctorados– haya un consenso en algo tan básico como qué comer, es preocupante. Tenemos un ejemplo palmario en las recientes guías dietéticas para estadounidenses que, de la noche a la mañana y sobre unas más que sospechosas justificaciones, han puesto del revés las anteriores recomendaciones. Por eso en este artículo vamos a dar un paso atrás, y en vez de atacar, nos centraremos en aportar racionalidad, abandonar los tecnicismos y hacer las cosas sencillas.