Los lectores y las lectoras escriben sobre la prohibición de las redes a los menores, las elecciones aragonesas, las amenazas de Trump a Cuba y el dolor por la muerte de una mascota

Ojalá nos hubieran protegido del Lejano Oeste digital con la misma convicción con la que pretenden hacerlo ahora. ¿Dónde estaba la prohibición de las redes sociales durante la pandemia? Fue un momento que cambió la forma de consumo digital y que las empresas hostiles a estas medidas aprovecharon para alterar nuestro umbral de satisfacción y desarrollo, justo cuando los menores éramos más vulnerables: estábamos encerrados. ¿Por qué tengo que consumir diariamente contenidos vacíos? ¿Por qué no puedo aburrirme? ¿Por qué tengo que posicionarme ante todo? ¿Acaso no puedo pararme a pensar quién soy? Aun así, sigo en la misma espiral, normalizada, desde 2020. ¿Esto es libertad? Estoy sometido a tanta información y tantos estímulos que ya no sé ni cómo, ni qué, ni cuándo debo ejercer aquello que me diferencia del resto de seres: la razón. Necesitamos esta protección, y aquí está, con el objetivo de recordar que realmente somos libres, somos humanos, somos únicos… Ya no soy el mismo, no puedo aburrirme, nadie puede. Creo que son las consecuencias más preocupantes de un momento histórico que cambió nuestra forma de ver el mundo silenciosamente.