Nevenka Fernández, la mujer que denunció en 2001 por acoso al alcalde de Ponferrada, reflexiona sobre el apoyo que aún reciben de otras mujeres los denunciados por abusos o acoso en el ‘caso Epstein’ o el de la edil de Móstoles
Estos días he leído algunas de las nuevas revelaciones sobre el caso Epstein. He sentido enfado y repugnancia. Escuchar a las víctimas, mujeres y algún hombre —también hay pedófilos que abusan de niños— es un acto que requiere valor. Porque su dolor desgarrador, insistente y largo en el tiempo, te revuelve por dentro y te rompe....
La violencia sexual, moral y laboral es una violencia social. Estos abusos insidiosos, inhumanos y mundialmente organizados, que no terminan en la oscuridad en la que se producen ―ahí solo empiezan― son una forma social de entender el mundo.
Algunos quieren que aceptemos esta cultura; que aceptemos que unos tienen el derecho de pernada mientras otros solo tienen derecho al silencio. Buscan que todos estos crímenes sucedan sin que se note, sin que sepa, sin que se hable de ello.
Pero lo que más observo desde hace un tiempo son “las mujeres de la foto”. Las he visto también estos días en una ciudad de Madrid. Y siento un déjà vu.






